lunes, 5 de mayo de 2008

El Ruso

El Ruso venía de la ex Yugoslavia. Le decíamos así porque era parecido a los rusos que conocíamos y porque decirle ex yugoslavo, o yugoslavo a secas, nos resultaba incómodo. Y de la ex Yugoslavia, porque el Ruso jamás quiso precisarnos el país de donde venía: como dicen ustedes, todo es la misma mierda, decía cuando le preguntábamos de dónde era. Hablaba un español más que aceptable, y aborrecía tanto su pasado, que cada vez que insultaba lo hacía en castellano. Un día le señalé esa rareza, y después de levantar la vista del vaso de vodka, fijó sus ojos celestes en mi rostro y dijo: Mandrake, andate a la reputísima madre que te re mil parió, con una “r” que se le patinaba. Cuando escuché eso me quedé tranquilo; por un momento fui un hombre destrozado por un arma a punto de ser un cadáver en algún campo de los Balcanes, o una mujer violada por quinta vez consecutiva a la espera de que otros cinco serbios o croatas o lo que fuese, continuaran el trabajo de desmembramiento que había comenzado el primero, pero que en verdad había comenzado mucho antes; por un momento, con los ojos celestes del Ruso en los míos, fui todo eso, preso de mis prejuicios y de mis miedos, un fascista de mi temor. Pero más allá de esa vez, el resto de los días en los que se desplazó el relato, el Ruso fue el mejor de los soldados. Siempre al frente, dispuesto a todo.

3 comentarios:

srta.pola dijo...

rusky... con sintax bolañiana, very nice

plis jiraffe salí del closet y decinos qué facebook living argie writer sos :P

girlontape dijo...

wow qué fuerte
a mi me pasaba lo mismo con cierta pandilla de jovenes israelies que me adoptó de pendeja en ny: todos huyendo de su pasado reciente en el ejército, entrenadísimos para matar, y amigos/as re fieles

Jirafas dijo...

conoci algunos de esos israelies, incluso con un par soliamos charlar en el living del hostel, entre chocolates, mate de coca y algún partido de futbol que transmitia la tele. cada vez que salian -todos los dias-, regresaban un poco borrachos y se ponían a cantar en el patio del hostel. en el trayecto de la habitación al baño compartido, me detenía a mirarlos: ellos me decía "hey, argentine, camierrrr, camierrr -come here-", y después seguian cantando y yo me iba al baño.