lunes, 25 de agosto de 2008

Lizzy

El octavo cigarrillo, tal vez el noveno. Y si el cenicero estuviera vivo, ahora de seguro moriría de asfixia. Una novela en la mesa, una que le gustaba tanto a ella como a Emilio. Esa que había sido leída en otros tiempos con tantas ganas hoy sólo servía para tapar la expresión nerviosa de Lizzy. Aún así, el pobre libro pasa a ser abandonado porque Lizzy divide su atención en los dos hombres mayores de la otra mesa y en apagar el cigarrillo con más violencia que el anterior y mucho menos violencia que el próximo.
-Qué rico el olorcito del café, ¿no? – dijo uno de ellos.
-La verdad. Hasta me darían ganas de pedir otro.
-Sí, podemos olvidarnos un día de que somos jubilados y tomar más de un café.
-No es sólo la plata Omar, también es la acidez. Hay que cuidar los dos agujeros: el del estómago y el del bolsillo.
Ríen. Y la risa de ellos obliga a Lizzy a prender otro cigarrillo. Una vez que le da la primera pitada, piensa: así va a terminar Emilio, viejo, acompañado de otro amigo soltero y con nada más interesante para decir que elogiar el olorcito del café. El agua que sale de la máquina produce un sonido que tienta a Lizzy a pedir una segunda ronda. Yo también tengo ganas de otro café. Seguro que si lo pido, estos viejos aprovechan que viene la camarera y lo van a pedir también. Bueno, que lo pidan, que se jodan, que se les haga un agujero en el estómago. Después voy a pedir otro y otro más. Así cuando a estos dos les agarre acidez, no les va a alcanzar la plata para los remedios. Se lo merecen, por ser como Emilio.
Llama a la camarera y le pide un café negro con edulcorante. Los señores de la mesa contigua, en efecto, aprovechan.
-Omar, yo voy a ser valiente. Un doble cortado, señorita. Y traigame también una medialuna.
-Discúlpelo, este no tiene arreglo. Ve una chica linda y descuida su salud. Para mí una lágrima.
La camarera sonríe y va hacia el mostrador. Lizzy piensa que el segundo viejo debe ser todavía más cínico que el primero. Este cuida su salud, claro, y además ridiculiza a su amigo. Pide una lágrima. Vaya uno a saber cuanto hizo llorar a las mujeres y ahora pide una lágrima. ¿Cuántas más querrá? La mesera vuelve y apoya el pocillo en la mesa de Lizzy.
-Café negro, con edulcorante.
-Muchas gracias – dice Lizzy, mientras le da otra pitada al cigarrillo.
-¿Traigo otro cenicero?
Lo mira, ve que rebalsa y contesta:
-Sí, por favor.
Lizzy prueba el café mientras observa la trayectoria de la moza desde el mostrador a la mesa contigua. Con una sonrisa, entrega el pedido a los ancianos y vuelve al mostrador. Lizzy se quema con la colilla del cigarrillo, que se consume entre sus dedos. La puta, me quemé. Tu culpa, Emilio. ¿Por qué me persigue tu parte más odiosa? Anteayer, en el banco: un tipo que deja la cola, porque hacer una cola es demasiado, total los trámites se pueden ir a la mierda ¿no? Ayer, en el videoclub: un pibe que alquila el mismo estilo de películas y además compra un paquete de pochoclo, otro de papas fritas y un chocolate, para cenar, claro, comer algo decente no importa. Y hoy, tu futuro: viejo, patético y sin una mujer que te acompañe, total con un amigo siempre uno la pasa mejor…
-El médico me recomendó comer banana porque tiene potasio, es buena para los calambres.
Un amigo antes que una mujer, para hablar del potasio de la banana…
-¿Banana? Podría ser, pero yo prefiero la mandarina.
-Si comprás mandarinas, que no te vendan la dancy. Esa es más grande y más ácida.
-Pero Omar, en eso ya estoy canchero. Amalia, la verdulera, sabe que a mí no me embauca con la dancy.
Un amigo antes que una mujer, para hablar de mandarinas…
-Pepe, se hace tarde, mejor volvamos, así podemos viajar sentados. Vos viste, hoy día nadie te cede el asiento….
Como si lo merecieran, toda una vida sentados viendo cómo pasaban los años. Seguro desperdiciaron muchísimas oportunidades, y ahora quieren sentarse en el colectivo…
-Tenés razón Omar. Señorita, la cuenta.
Lizzy, lejos de estar aliviada, ve como los ancianos se van. Uno ayuda al otro a incorporarse y después de cruzar la puerta, se alejan con pasos lentos. Con tristeza, enciende otro cigarrillo y piensa en él. Emilio, si supieras cuánto me hiciste sufrir, y lo peor de todo es que tenías razón cuando dijiste: yo no hice nada. Nada. ¿Para qué ibas a mover un dedo? No valía la pena, era yo, sólo yo, Lizzy, la que siempre quiso ser tu Lizzy.
La mano comienza a temblar, las cenizas, por accidente, caen sobre la mesa. Los ojos reprimen el llanto, los dientes apretados, el clima refresca y la soledad no acompaña.
¿Para qué ibas a hacerte cargo de tu desinterés? Si las personas que no se hacen cargo son las que nunca se interesan por nada. Emilio, cómo quisiera castigarte. O mejor dicho, cómo me hubiera gustado librarte de tu propio castigo. Apaga el cigarrillo sin terminarlo y por el frío frota las manos contra los brazos. Te veo así, viejo y sólo. Con la compañía de un amigo tan viejo y tan sólo como vos. Pero lo mejor va a ser cuando te mueras así: viejo y solo.
Lizzy toma su abrigo y llama a la moza para pagar la cuenta. Con movimientos nerviosos logra sacar el billete del monedero.
-Perdón, pero… ¿estás bien?
-Sí… muchas gracias – dice Lizzy en voz baja.
Antes de irse, Lizzy deja una exagerada propina a la moza. Después comienza a caminar. El frío lucha contra el abrigo y la bufanda pero al fin gana la batalla y Lizzy lo siente en sus huesos. Durante el trayecto piensa en por qué ella sufre tanto con el castigo de Emilio. Hasta en eso es egoísta. Emilio moriría de viejo y en soledad, pero ella también está sola y sola se siente. Camina y piensa. Voy a morir joven, y aunque mi vida pase sin pena ni gloria, va a ser más digna que la tuya, Emilio. Un semáforo detiene su andar y acelera las ideas. Va a ser más digna porque hay algo que tranquiliza mi conciencia. Luz verde. Al menos yo, a diferencia de vos, pude sentir amor.

6 comentarios:

Jirafas dijo...

nada mejor que el regreso de un clásico... cosecha 2005, 2006 fue?
hasta me hizo recordar a lucy (creo que asi se llamaba mi puta moralista).
hablando de cosechas, hoy me encontré en patiecito puanense a uno de los realvisceralistas, que supo salvar mi vida. creo que cada vez que nos vemos, viene al recuerdo de ambos de aquella vez. en verdad, al recuerdo de el y a lo que me contaron a mí después. supongo que lo alegré con eso de "si te sacás la barba estarías buena" (algo asi fue mi coment andrógino, ¿no?).

besos

LMJ dijo...

Que lindo tu coment, Fede!! Si, no recuerdo la cosecha, pero sí que me gané el amor de nuestros compañeros. Además es una buena manera de copiarte y hacer este cuento muy largo por entregas, jaja.
Curso derecho con "si te afeitas la barba estás linda", pero también te pudiste haber encontrado con Diego (el Belano del grupo), que frecuenta el patio para buscar su bici (y cada vez se parece más al cantante de Metalica).
Y sí, tu puta moralista se llamaba Lucy, imposible olvidarla!! Y si de cosechas hablamos, creo que Mara-k debería ser incluido en este blog!!!
Besos mil y gracias again!!

Jirafas dijo...

jajaj, no era el mismo el del piropo y el bici boy que deja su bici en el patiecito? nooo, todos estos años creyendo que eran la misma persona, y no... puta madre, aquella noche no deja de sorprenderme :P
si, al que vi fue al que se parece al cantante de metalica, estudiante, segun lo que me conto, cronico de letras.
bienvenida lizzy por entregas (acá sucedió el episodio de la maceta?).

besos

LMJ dijo...

No, la maceta es parte de Atilio!!! Otra idea para otra entrega, jajaja!
El que si se afeita es linda estudia edición (y cursamos con Paulo), en cambio Diego (el que vos te encontraste) es de letras y me preguntó por msn "vas a puán para recibirte, o estás como yo, en el BARRILETE ACADEMICO"? Jajaja.
Esa noche nunca te dejará de sorprender, básicamente porque te la tenemos que reconstruir nosotros. El otro día con Mati nos acordamos de ella.
Ahora te dejo, toy en un cyber cerca de Puán.
Besos!!!

Siesta escandalosa dijo...

Me entristece la vejez. La propia y la ajena.

EmmaPeel dijo...

A mi me encanta la trastienda de los textos (quiero crónica de la noche tremenda)

salutti jirafetas