jueves, 28 de agosto de 2008

La Persuasion

En una nueva y atrasada entrega, los cuadernos gran jefe siguen un camino que nunca debería haberse detenido.

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El mayor poder en la historia humana sin duda es la persuasión. Persuadir no es lograr doblegar la voluntad ajena, sino que no exista diferencia con la propia. Persuadir es paz y control. La persuasión homogeniza al hombre evitando la multiplicación que su reproducción ha convertido en geométrica. Siendo fragmentos uní trinos, la persuasión nos devuelve a nuestra herencia primogénita, hasta los orígenes mismos del mundo cuando solo éramos uno. Por lo tanto la absorción es la versión mas acabada de nuestro mundo feliz.

Para esto existen los jefes. Y como dirá Debray el jefe sirve para evitar lo peor. “Y ¿qué es lo peor para un grupo humano? La desunión, el desmembramiento, la disolución. El jefe existe para lograr la unidad. Sea donde sea -en un equipo de fútbol, una empresa o un país-, el jefe es el que mantiene la cohesión o produce la unidad en el seno de una multitud”, de ahí su raíz religiosa como unidad armónica, vertebrando con la palabra del rey pastor un poder que anida en la imaginación humana.

En el jefe condensan personalidad y coyuntura histórica en simbiosis especial, agrupando, consolidando, urdiendo una maquina de reflejos y respuestas, por eso como sigue Debray “la guerra es el grupo en fusión. Es la efervescencia, la fiesta de la identidad; es una contracción, pero también una extraordinaria producción de altruismo, un gran derroche libidinal, como diría Freud, donde todos aman al jefe, se identifican con él, y están dispuestos a sacrificarse por él”. No permite fisuras. Por eso el intelectual no puede ser un jefe, es por definición un conjunto de contradicciones que ni siquiera pueden convivir en el. Girondo respondió a esto con un poema, mandando a todas sus personalidades a la mierda. Es evidente que el poeta es el peor de los jefes y quizás el mejor de los seres humanos. El poeta grita furibundo libertad en el clivaje que tiene al control como receta para la estabilidad; y pide revolución. Pero el ideal revolucionario, como sigue Debray, “es la eficacia de la acción. Eso reclama una organización, con un partido, una vanguardia, un ejército y, en consecuencia, un jefe. Entonces “la revolución se hace para dejar de tener jefes y se termina con un superjefe”, y una cola de burgueses que empiezan a patalear de nuevo.

La historia humana es ruptura y continuidad. Como decía Lezama Lima todo es producto de una revolución. Ese transito y transmutación constante que es el tiempo en la tierra, no es el mayor problema de la metafísica sino la convivencia entre jefes y poetas.

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Comisión Investigadora, entre churros y cerveza.

2 comentarios:

LMJ dijo...

Choco el vaso por el regreso de los cuadernos!!!
Besos mil.

Anónimo dijo...

No amo a mi jefe ni estoy dispuesta a sacrificarme por él.
Mi jefe no une sino que urde tramas
maléficas para alejarme de mis compañeros.
mi jefe promulga el adagio "divide y reinarás"
mi jefe es el rey dela disolución.
no me identifico con mi jefe.
no necesito un jefe.
pero no voy a hacer una revolución para que no haya jefes.
mi jefe no sólo no me ama a mí.
mi jefe no ama a nadie.
no soy poeta.
y no quiero convivencia con mi jefe.

Secretaria de un jefe.