martes, 11 de septiembre de 2007

Un relato tomado de los huevos (primera parte)

A diferencia de otros, mi virtud surgió gracias a los crímenes. Mientras dejaba de ser lo que era comencé a preocuparme por eso que alguna vez fui. En todo caso, desde el encierro, un hombre comprende que sólo es responsable de sus propias acciones.
Yo no sé nada, de verdad, nada, basta, basta. Qué es lo que no sabes, tú sabés todo, cuéntame. Pero, pero. No te desmayes, esto recién comienza. Un balde de agua fría enseguida lo despertó. En sus ojos se había instalado el horror y también la ilusión de la muerte. Escucho, dime lo que tienes. Un par de tenazas sobre las pelotas de cualquier hombre siempre dan los resultados que uno espera: está bien, está bien, pero detente, por favor, detente. Encendí un cigarrillo de marihuana y le di un poco. Fumó, fumé y, entre el olor de la hierba, el dolor y la transpiración, esto fue lo que escuché:
“Habíamos salido como siempre, el Toni, el Huevo y yo. Llevábamos los paquetes bien metidos en el culo, no sé por qué, si acá ya no le importa a nadie donde uno lleva la puta merca, pero yo qué sé, el Toni había pensado que era una buena idea, y nosotros lo seguimos nomás, sin chistar. No me mire así, no soy puto; en toda mi vida, además de ese paquete, lo único que me ha pasado por el culo ha sido toda la mierda que comí en este país. En fin, le decía, íbamos por la selva. Nos habían dicho que ese lugar era el menos peligroso. Los guerrilleros habían comenzado a trasladarse y los putos de los paramilitares iban tras ellos, hacia el este, y nosotros íbamos hacia el sur. Lo sé porque siempre me he sabido guiar por las estrellas, no sé mucho de nada, pero de estrellas sé bastante, puedo decirle dónde estaban las que dejaron de brillar, cuáles son las nuevas, cuáles son satélites y cuáles dibujan las figuras esas que tienen esos nombres ridículos como Cruz del Sur, Osa Mayor, y yo qué sé que más, y que lo cierto es que no son más que putas estrellas. Pero bueno, usted sabe mejor que yo que la gente es bastante estúpida y traslada toda esa estupidez a cualquier objeto que sus putos ojos ven, incluso a las estrellas, incluso a eso, comprende lo que le digo, señor Felipao. Caminábamos entre partes, como si toda la pureza del mundo se hubiera ido a la mierda en cuestión de minutos. ¿Habrá existido alguna vez eso?, digo, la pureza del mundo. En ese terreno poco importaba. La selva nos oprimía el corazón. Desde chico, casi todos los días, uno veía la manera en que los vecinos del pueblo se morían, y también uno daba cuenta de lo poco que importaba una muerte. Pedrito, una bala en la cabeza, cayó al suelo como bolsa de patatas, no dijo nada el pobrecito, o Julio, descuartizado, ni los ojos le dejaron los muy putos, y así con muchos más; algo común, habitual, la muerte. Eso nos hizo crecer sin miedos, creo, o quizá sin miedo a morir, porque sabíamos que a nadie le importaba si nos moríamos o no. Así se crece en un lugar como éste, sin miedo a nada, ni siquiera a la puta muerte. No conozco todo el país, pero se me da que debe pasar más o menos lo mismo en todas partes: selva, ciudad, mar, río, cualquier puto lugar está rodeado de muertes insignificantes. Pero lo que uno jamás aprende es a tratar con el momento en que se cree que eso está por suceder. Digo, la muerte. La inminencia de algo que es más horrendo que tragarse la mierda que sale del culo. Comprende lo que le digo, señor Felipao, me parece que no me expreso muy bien. Pero bueno, usted quiere que le cuente lo que vimos esa vez. De pronto, sin que nadie sepa muy bien por qué, nos perdimos. Nos mirábamos unos a otros, mirábamos alrededor pero no podíamos reconocer nada. Creo que ni a nosotros mismos nos reconocíamos. Tal vez por ese sentimiento de que todo se iría a la mierda, de que ya no la contábamos más y que eso no le iba a importar a nadie. Tú tienes para fumar, saca un poco, le dije a Toni. Él se me quedo mirando, como si ya ni siquiera entendiera el puto idioma, pues qué te pasa, muy puto, que saques un poco, le dije. ¿Estás loco?, cuando lleguemos y vean que falta, nos matan. Quién mierda te dijo que de acá vamos a salir vivos, le dije, pero el muy puto parecía seguir sin entender. Tiene razón, dijo el Huevo, de acá no salimos vivos ni de putas, saca un poco, pues, yo también quiero fumar. Al fin lo convencimos, y al rato ya estábamos fumando. Terminamos uno, armamos otro y justo cuando se venía el tercero empezamos a escuchar esos ruidos del demonio. Esto es una mierda, dijo el Huevo con la vista fija en el cigarrillo que giraba y giraba entre sus dedos hasta que al fin lo arrojó a los arbustos. Por un momento lo vimos brillar; luego se apagó. Qué hiciste, dije después de un tiempo y calculo que lo dije para aplacar un poco los putos ruidos que ayudaban a que nos sintiéramos cada vez más ahorcados entre toda esa vegetación. Por qué, por los malditos ruidos que estoy escuchando, por eso, la puta droga me los debe haber metido en la cabeza. Yo también los escucho, dijo Toni. Yo también, dije. Entonces no es la droga, dijo el Huevo que nunca se caracterizó por ser el más inteligente del grupo. Y qué quieres que te diga, me parece que no, dije y luego todos nos callamos; lo único que quedaba por hacer era esperar el momento, eso era todo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El protagonista se guía por las estrellas e instantes después las degrada a la calidad de meras putas estrellas. Conoce hasta el lugar donde algunas de ellas ya dejaron de brillar, pero no puede comprenderlas; imagino que internamente sabe que hay algo detrás de ellas, algo inabarcable pero preciso, algo que lo obliga a eso de insistir en mirarlas, pero no lograr descifrar porque para él tienen que ser infinitas simples putas estrellas.

Rosa, la lejana dijo...

Suspenso!

No te pierdas el próximo capitulo de... FI-LI-PAAAOOOO!


Excelente, como siempre. Cada vez que entro a este blog, leo algo que me gusta.

Che, una cosa que no sé si entendí: en este episodio, los personajes hablan como centroamericanos o algo así (no-argentinos, en todo caso); y eso, a mis ojos de lectora muchas veces desatenta, hace que el texto parezca (quizá sea cosa mía, no más)dominado por un clima de historieta, bastante marcado... ¿es así?, ¿esa es la idea?, ¿o debiera sacar la cabeza del orto y leer mejor?

Igual, está buenísimo.



Saludos.

Rosa, la lejana dijo...

Ah, están en Colombia, cierto! Ves, tanía que sacarla cabeza del orto, no más...



tontina, tontina, tontina...




Besos

Jirafas dijo...

Esta en Colombia, pero lo cierto es que no tenemos la mas puta idea de como se habla el español en Colombia, más allá de alguna novela de Mc Márquez (o sea, no tenemos la mas puta idea de cómo se habla en Colombia; Medina Reyes nos da una pauta, pero lo cierto es que tampoco lo hemos leído mucho tampoco, sólo su glorioso "Técnicas de masturbación entre Batman y Robin") y así, desde nuestro desconocimiento, el lenguaje, por eso mismo, está satirizado.
Veremos como continua.
De todos modos nos encanta tener una lectora tan despampanante como usted, rosa, amadísima rosa.

saludos