domingo, 8 de julio de 2007

El último grito de agonía (o una oda a la gran mentira posmoderna)

Algo te molesta, no sabés bien que és. Sabés que no es nada físico, no es una molestia palpable, clasificable por los libros. No, es una molestia que no es dolor, pero de a poco se vuelve más aguda. Lo que empezó chiquito de pronto se vuelve un manto invisible que te cubre. Sabés que no te pasa nada, y te decís que no te pasa nada, después de todo podés hablar, podes comer, podés tomar, podés trabajar y podés relacionarte. Sólo de noche te cuesta dormir, pero de eso nadie se entera. A pesar de que te pusiste tu mejor ropa y que el espejo te devuelve una linda imagen, sentís que el manto te cubre, y ese manto, a pesar del frio no es bienvenido. Las cosas vibran de diferente manera, lo ameno se vuelve rutinario y cansador, no te sentís bienvenido a pesar de que todos digan que disfrutan de tu presencia y empezas a sospechar de cualquier cosa parecida a una sonrisa.
Volvés a tu casa, para escaparte de tu salida y salis para escaparte de tu casa, hasta que llega la noche, y sabés que bajo las mantas el manto todavía te cubre. Se empieza a mover, primero de manera casi imperceptible, pero luego cobra más fuerza. Tanta fuerza cobra que empezás a marearte, incluso sentís ganas de vomitar. Vas al baño y la nada, el espejo te devuelve una cara pálida que comenzás a lavarte. Decís "no me pasa nada, el insomnio no me va a ganar" y volves a la cama. El manto todavía se mueve pero tratás de pensar que estás en un barco que te llevará hacia un lugar mejor.
Concilias el sueño, pero pronto te despierta un grito. Mirás a tu alrededor y no pasa nada, tampoco te pasa nada, pero la molestia se volvió dolor. Un dolor que tampoco es clasificado por los libros. Te decís que esto no puede ser cierto, que nadie gritó, que no pasó nada, pero no podés dormir, sabés que algo no anda bien...

...cada "no pasa nada" es un puñal. Ella se tapa los oídos, pero no puede evitar escucharlo. De fondo también escucha las risas ajenas y ella también quiere reírse, pero no la dejan. Nada, no exisitís, no sos nada. Ella comienza a llorar. Trata de salir de su prisión y se mueve. "El insomnio no me va a ganar", dice, y ella recibe otro corte. Sangra, y por las noches, cuando su casa no tiene que mostrar liviandad ante nadie, ella grita. Quiere que la sueñen, pero el sueño no llega. Quiere que la descubran y que le den la bienvenida. Pero para estos tiempos su presencia parece inverosímil, muy poco creíble para ser real. Entonces, cuando los puñales duelen demasiado, ella da su último grito de agonía. Quizá sea para mejor, tal vez casa no le de la bienvenida, no porque no la buscara, sino porque no la puede tolerar. Ella sabe que llegó su hora, y que después del grito su casa podrá dormir sin sueños, en un negro que no es dolor pero placer tampoco. Luego de gritar sabe que llegó su hora. El fondo negro se presenta porque no la quieren ver... Y en pocos segundos, después del último grito de agonía, la belleza morirá. Al menos la casa estara en orden...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

recién recién me hago de tiempo para leer este post.

lo he disfrutado, me hace colisionar con una parte de mí mismo que ultimamente se empeña en estar bien.

probablemente no me pase nada después de todo.

saludos,

jirafa pueblerina.

Anónimo dijo...

lindo, el texto. un relato digno de formar parte del Crack-up de Fitzgerald.

"Claro, toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea—los grandes golpes repentinos que vienen, o parecen venir, de fuera—, los que uno recuerda y le hacen culpar a las cosas, y de los que, en momentos de debilidad, habla a los amigos, no hacen patentes sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre tan sano. El primer tipo de demolición parece producirse con rapidez, el segundo tipo se produce casi sin que uno lo advierta, pero de hecho se percibe de repente."

Anónimo dijo...

Creo,particularmente, que hemos de estar atados por el mismo piolin de pizza muchos, por no decir todos, los que en este sitio habitamos. Una distancia con forma a tu casa en desorden me ha separado de esta manada, quizas ultimo recondito del entendimiento con mas de agujero

María Cielo dijo...

DE hech, la vida es un constante proceso de demolición. Todos somos algo autodestructivos, Cuando somos jovenes, porque nos creemos incolumes, inmortales. Cuando envejecemos, porque nos olvidamos de vivir por miedo a la muerte y perdemos la esencia.
No podemos hacer nada por evitarlo. Vivimos para caer derrumbados. LO que hagamos en el camino es cosa nuestra.

LMJ dijo...

Claro, todos estamos atados del mismo piolin de pizza. Es la época, pero bueno, al menos ayer la nieve le dio a todo un tinte Walt Disney.
Soy la gran rebelde contra la apatía y sin embargo un sábado escribí este texto, y me comparan con Fitzgerald, lo que es bueno (solo para el texto).
Habia leído el crack up hace millonada de años, pero no me había acordado de esa frase con tanto detalle.
En fin, ya vendran tiempos mejores..
Besos para todos.