miércoles, 17 de marzo de 2010

Los embajadores (Weldon Kees)

Ni ojos. Ni luz. La mano helada e imperfecta
se aferra al lugar donde había un pasamanos,
o encuentra, eventualmente, la tersura de un muro.
Suda como una frente en la que un quiromántico
dijo haber entrevisto la salud de un turista;
pasa una negra página. Es ésta la manera
en que creemos que volvemos aprender.
Es ésta la manera en que aprendemos algo.
Sonrisa sin espejo en un punto definido
por un paisaje nítido, perfecto, de la mente,
que se enfoca un instante, luego se borronea,
y que probablemente no vuelva a verse claro.

vía zaidenwerg. el poema completo, acá.

1 comentario:

lurba dijo...

zaidenwerg + jirafas.
mis tocadas de cola a todos.