jueves, 2 de agosto de 2007

El astronauta.

Predisponerse a escribir, esa es la clave. La predisposición a cualquier tarea quizás sea la consecuencia de su logro.

Un hombre se levanta, se lava los dientes y en este lado del mundo, (mas probable que en otras latitudes), calienta una buena pava para empezar a tomar sus mates de la mañana. Nada de todo esto puede hacerse sin estar predispuesto. La predisposición es una inefable mezcla entre estimulo y motivación, clásica pirámide de lo que la psicología ha intentado explicar por años; la voluntad. ¿De donde vienen las ganas de hacer algo? Son estímulos exteriores o motivaciones internas, o simplemente un poco y un poco. Así el hombre que quiere levantarse, pero que también sabe que la pava no se calentara sola, decide ejecutar un proceso que su boca ya estaba saboreando.

Esta todo listo. El afuera y el adentro trabajan al unísono para encarar la primer pagina en blanco. Y de pronto. Nada. Vació, tiempo y vació. El escritor repasa todas las teorías psicológicas agarrando un volumen explicativo de su biblioteca, pero en realidad busca una respuesta a algo que ya sabe, y sin embargo, no quiere aceptar. Sabe que tiene ganas y que de no terminar el trabajo pronto no podrá cobrar lo que necesita para vivir. Deja el libro mientras se le ocurre la entupida idea de vender toda la biblioteca y esperar a que los avatares del destino le indiquen una pagina que valga la pena ser escrita. Obviamente el sabe que no vendería ni un solo volumen. Ni por sus hijos. Bueno por alguno de los tres si, piensa mientras se ríe por vulnerar los dogmas de la equidad en el querer.

Riéndose vuelve a su maquina que lo espera tan blanca como cuando se fue. Esa es otra idea recurrente en el. Siempre espera que alguna letra este escrita, una letra es el principio de algo pero sobre todo es el fin del vacío. El vacío, se repite mientras el agua se enfría. Perfecto, un nuevo móvil para levantarse y ver si a la vuelta hay alguna letra. Se va, vuelve y se va. Un escritor es peor que una novia primeriza piensa y vuelve a reírse. Ahora si, ahora si, se intenta convencer en una actitud que se asemeja mas a un personaje de película de acción que a un escritor en actitud contemplativa. Pero ahora, vacío. Ya no puede ni reírse y escucha a Picasso diciendo; “ un pintor es una persona que se levanta todos los días a las 5 de la mañana a pintar”, y el piensa que en realidad no a las 5 pero a las 7 seguro, y que pueden hacer 2 horas de diferencia. ¿ Quizás debería haber sido pintor?. Pero no tiene ni estímulos ni motivación, ni de adentro ni de afuera no hay nada que te haga agarrar un pincel.

Y de pronto, la idea. Eso que estaba esperando. El sabe como verbalizarla, por eso es escritor y no cirujano, además de porque le da miedo la sangre. La idea es algo increíble cuando aparece. Es otra de las cosas que la psicología en comunión con Pink Floyd no han podido explicar. Pero el escritor sabe que podría diluirse rápidamente si no la anota en algún lado mas confiable que su memoria. Pero cuando la escribe que tan deslucida queda, tan sosa, que a pesar que se esfuerce a penas puede reconocer que tamañaza porquería haya provocado una vuelta tan rápida del baño. Es que escribir es pensar piensa en letras. Y en seguida encuentra con la vista un tomo de Wittgenstein que no piensa tocar, aunque sabe que el lenguaje es el caballo del pensamiento como dijo Marti, y que si lo abriese en la pagina justa quizás podría recuperar una idea que supo brillante, una idea que ahora solo parece añorar a la distancia. Pero no. El sabe que nada tiene que ver con nada y que la mecánica quántica es una porquería posmoderna que lo único que logra es enfriar el agua del mate entre razonamiento y razonamiento. Las cosas están igual que al principio pero con dos horas mas o menos depende como se piense, de vida.

Mira la hoja y ya no piensa. Vació. Sin duda la profesión del escritor es lo mas parecido a la de un astronauta. Donde hay que salir de un mundo conocido vagando por el espacio para ver si en algún momento se puede aterrizar sobre suelo firme. Pero los astronautas tienen muchos estímulos externos, en cambio los del escritor siempre vienen de adentro, por lo tanto son mucho mas peligrosos. Sin duda el preferiría enfrentarse a un monstruo intergaláctico que a su pasado, y ni hablar de a su futuro, porque si no escribe algo coherente el mes que viene no comerá. No hay peor monstruo que el hambre. Lo aflige pensar eso, pero el no es periodista así que hay lenguajes que no le están permitidos. Piensa en la guerra, mira la hora. Piensa en la reconstrucción y se pregunta si podría tomarse la licencia, si tal vez el pudiera una vez, un poco, porque en realidad no esta del todo mal que por una sola vez, no dos ni tres, sino una sola vez el pueda escribir sobre lo dificultoso de la escritura como lo hacen tantos autores, pero enseguida nace un gigante grito de NO como una de sus mejores motivaciones internas. El no es como los demás, el hace las cosas diferentes, el jamás escribiría contando algo tan intimo, esa es la peor miseria del escritor piensa saboreando las palabras en su boca y se da cuenta que esta empastada, que las palabras no fluyen por falta de saliva y descubre el gran impedimento de esa mañana; todavía no se ha lavado los dientes. Así que dejando la maquina en su lugar, en blanco, empieza todo desde el principio como corresponde a un buen escritor que quiso ser astronauta.

3 comentarios:

los anteojos de john dijo...

esto si es un regreso,
muy bueno muy bueno, man
abrazo

LMJ dijo...

Excelente tu texto! Al fin vuelvo a leer algo excelente en este blog! AHora digo y sugiero, volvele a dar una oportunidad a Mr. Milan, que veo a este texto con un análisis parecido. No lo dejemos en una calentura de los catorce añitos.
Besos y que sigas bien, dentro de poco, cuando termine esta feria de mierda escribiré algo. Ya tengo la idea, solo tengo que tener un minutito pa ser astronauta.

Anónimo dijo...

realmente me ha gustado el texto,

saludos.