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martes, 26 de enero de 2010

Un chino en Laferrere

Hacía tiempo que no iba al Malba y mucho más que no pisaba un museo. Soy de los que se aburren ahí, y si me apuran diría que sólo me entusiasma la idea de visitar, en algún momento, un par de lugares para ver cosas muy precisas (el museo Escher, por ejemplo, o el Prado aunque exclusivamente para ver Las Meninas). Pero ni siquiera esa posibilidad me quita el sueño. Entiendo al museo como un lugar que tiende a la sacralidad, la adoración y el caretismo. Gente de acá para allá más perdida que un chino en Laferrere. Así y todo, en ese caminar estúpido, te encontrás con algo que, ya desde lejos, te llama la atención y cuando estás al lado, no deja de sopapearte en la cara. Como una madre harta, una novia despechada o un amigo al que te le desmayaste en los brazos sin ninguna razón más que un par de pitadas a un faso. Me pasó y pasa con Berni, y me pasó también el sábado con esto:



Pero incluso esa cara enorme que me impulsó por un momento a convertirme en uno de los tipos más buscados por el FBI no terminaba de conformarme. Nunca fui muy hiperactivo, aunque de todos modos con los años fui perfeccionando un, para muchos, defecto, aunque para mí algo contra lo que no puedo luchar: tocar las cosas. Fue así que a lo largo de mi vida rompí de todo: microscopios de miles de dólares, vasos, cuadros, copas, vasijas, ventanales y hasta un monstruito que Berni le había regalado a mi viejo alguna vez. También puse en funcionamiento muchas cosas que jamás deberían haberse puesto en funcionamiento. De esa manera, arruiné ensayos y meses de investigación de mi vieja, máquinas de mi viejo, computadoras e incluso llegué a causar el incendio de un motor en una quinta por haber encendido no sé qué cosa al mismo tiempo que se había encendido no me acuerdo qué. Supongo que si alguna vez estoy frente a un botón para lanzar una bomba atómica, lo haría sin problemas. Sé que es medio boludo, pero es más fuerte que yo. Tocar, presionar y, si se da, llegar a romper lo que está al alcance de mis manos. Creo que ese es uno de los motivos por el cual me aburro tanto en los museos: nada se puede tocar, nada debería destruirse, y, de hacerlo, te convertís en un salvaje, un hijo de puta que atenta contra la humanidad. Algo así le paso al pobre califa Umar ibn al-Jattab, más allá de que a la biblioteca la venían haciendo mierda desde hacía cientos de años. En fin, todo lo anterior para decir que a la salida del Malba encontré una hoja tipo las de cuaderno Rivadavia cosido, escrita con birome azul, y que decía lo siguiente:

Se necesita un cambio radical en el arte. Es más, es necesario olvidarse del concepto de arte, o aborrecerlo, eso, sí, aborrecerlo, y entonces empezar a pensar en su destrucción. Olvidarnos de la belleza, y en caso de que no podamos, si todavía llegáramos a necesitar de ella, que esa necesidad sea pura y exclusivamente para destruir con mayor placer a la obra. Hacer para destruir y destruir para volver a hacer. Lo efímero nos proporcionaría una chance única: acabar con los museos, con los cultos, con las adoraciones estúpidas, con el mercado y la distinción. Hay que volver a ser amateurs. El arte llegó a convertirse en algo aborrecible porque lo social es aborrecible. Pero como no podemos, aún, acabar con lo social –ese componente tan demodé a esta altura de la existencia de la Tierra–, acabemos con el arte, destruyámoslo, hagámoslo mierda, una y otra vez, ante cada nueva obra de arte para que definitivamente la recepción se convierta en eso: la manifestación de la destrucción, que no es otra cosa que la creación. Pura y simple creación. La historia de la humanidad no es la historia del arte. La historia de la humanidad es un relato de la destrucción. Pretender que el arte escape a esa historia es un absurdo. Lo perdurable funciona como una estúpida redención, algo así como si te dejara tu novia y vos siguieras visitando a tus suegros para demostrarles que tu ex nunca va a encontrar a alguien mejor que vos. Las obras de arte deben existir 30 segundos, y eso incluso es mucho. Y deben ser hechas por cualquiera, en una oficina, en un baño público, en la triple frontera. Sí, se necesita un cambio radical en el arte, en donde las obras se amontonen en las calles, en las veredas, en los telos, en las plazas para que entonces las pisen, las caguen los pájaros y las ratas, las meen los perros y los gatos, le acaben o le tiren los forros usados encima y los mendigos las puedan usar tanto para taparse y vestirse como para limpiarse el culo. Este cambio es urgente y lo puede empezar cualquiera en cualquier lugar, incluso vos, acá.

 Rubia te amo

Llamar a Juan

Tel de Lea: 155-408-0095

martes, 6 de octubre de 2009

Solidaridad con el CEFyL y la compañera que sufrió un atentado

Las jirafas queremos solidarizarnos con la compañera troska/maoísta/marxista/feminista del CEFyL (Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras), que en la asamblea de ayer fue brutalmente agredida por unos inadaptados.
Pasamos a comentar lo ocurrido: como sucede todas las veces en las que se pretende discutir cuestiones trascendentales tanto para la sociedad argentina, así como también para los pobladores de Irak y Afaganistán, la gente sumamente ocupada del CEFyL cortó la calle Puán a la altura de la Facu (480), para realizar una bella y democrática asamblea. Mientras una cantidad incansable de personas se iban reuniendo para dar inicio a una nueva jornada de democracia directa y participativa, unos mugrosos niños sin hogar utilizaban ese espacio público que los urbanistas consagraron principalmente a los automóviles, para jugar al fobal con una bocha que habían improvisado utilizando cantidad enorme de afiches políticos que manifiestan de manera constante la preocupación de todos los estudiantes por la sociedad (no así tanto con los pobres árboles y los ríos que las pasteras contaminan, pero bue, ese es un detalle nomás, bastante insignificante comparado con Irak, Afganistán, el Che y odiar a los yanquis) metidos en una bolsa de plástico.
No sabemos cuál fue el niño que hizo menos goles, pero sí sabemos, y podríamos atestiguar en la causa de ser necesario, cuál fue el que, en un momento determinado en el que la asamblea ya se había constituido dando inicio a la orden del día, pateó la pelota peor que Zelaya, Fabbiani y todo el plantel de Rancing juntos, con tanta mala suerte que la bocha improvisada dio de lleno en la cabeza de una joven estudiante argentina rubia con mucha conciencia social. Acto seguido, un joven sin pelo (o sea, pelado), indignado ante lo acontecido, giró para recriminar a esos niños roñosos sin hogar por la violencia desmedida con la que habían atacado a su compañera. Los niños, si bien pidieron perdón, no paraban de reírse. Esto hizo enojar al compañero pelado, que, embebido en su conciencia social, trató de poner orden insultando a los niños desclasados.
Finalmente, la bocha fue devuelta a los niños, la asamblea continuó, y el mundo entero siguió tranquilo a la espera de que la asamblea decidiera cómo el show, en todo el orbe, debería continuar (?).

Así las cosas, las jirafas nos sumamos al reclamo del CEFyL y exigimos justicia y castigo. Basta de inimputabilidad a los delicuentes menores de edad. Montonero Macri, renuncie. Montonera Michetti, levántese y empiece a andar. Muerte a todos los menores que, al no tener hogar ni un futuro dentro de esta sociedad, no hacen más que estorbar en la vía pública, muerte, sí, pero ¡¡ya!!

jueves, 17 de septiembre de 2009

Que no sea sólo una frase bonita

"No acepten lo habitual como cosa natural, pues en tiempos de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar."

Bertolt Brecht

lunes, 3 de agosto de 2009

Ruego novedoso

Curioso eso de como todos paramos de escribir.
Primero fue Big Chief, después fui yo, y ahora hace mucho que Jirafa F. tampoco escribe. ¿Cuántos blogs están desperdigados por el mundo sin que sus dueños escriban?
¿Ya podríamos decir que los blogs son los nuevos balcones, y nosotros, como otros, la ninguna flor?

Lejos de esta cháchara, paso a otra: me imagino a una pareja. El o ella quiere cortar. El otro, el que está destinado a pasar a mejor vida en el corazón del ser amado, dice:

"POR FAVOR, NO ME ABANDONES COMO A UN BLOG!!!"

Qué moderrrno!!
Muack

miércoles, 1 de julio de 2009

Un toque hechos bolsa

Se sabe: la paranoia es un ingrediente que acompaña a toda ciudad moderna. Basta con amalgamar a un grupo de personas en un ámbito más o menos cerrado, para que enseguida comience la desconfianza, el rechazo, la estupidez y la locura. Hoy día, a quién y por qué se lo vota junto al barbijo son los símbolos más significativos de todo eso. Se vota al que sale a bailar en un programa de televisión, se vota a un doble de programa de televisión, a un tipo que se vende como perfume popular -como paco-, y a un equipo que plantea hacer política sin política ni ideologías (?). En ellos todo es programático, nada político, todo se hace sin que uno se dé cuenta, mientras que uno hace footing o yoga en los bosques de Palermo. También se vota a los que cierran las plazas, a los que ponen guardias y cámaras de seguridad y alumbran la ciudad para que la noche nunca aparezca. La violencia y la noche son imposibles de extinguir -al menos hasta que el mundo se acabe-, lo sabemos todos, pero la estrategia de ellos es hacer creer, hacer que todos imaginemos, que eso es posible. Y la mayoría lo hace. La mayoría, esa otra estructura paranoica y progresista, se come derecha, doblada o como venga todos esos conceptos basados en la nada misma. En definitiva, el poder del relato y de la estructura que lo compone es mucho más efectivo de lo que se pensaba. Eso hay que reconocerlo: como ningún otro, la derecha maneja las estructuras del discurso de un modo que realmente le llega al cúmulo de humanos denominado gente. Mientras que un escritor con éxito alcanza a vender mil o dos mil ejemplares, ellos consiguen millones de votantes. Convencidos o no, eso importa muy poco. Son votos reales, concretos, tanto como la ideología que dice no tener el mundo PROgresista de Buenos Aires. O cuando la dicen tener, terminan por justificarla con un rosario entre las manos y diciendo frases tales como "Cristo hace justicia", "Dios existe", "el castigo siempre llega, en este o en el otro mundo". Es notable, porque nunca dicen nada sobre el infierno: la ciudad de Buenos Aires.
Pero no todo es tan gris. La misma paranoia, cada cierto tiempo, ofrece dosis de humor. En verdad, este post desde un principio apuntaba a eso, pero bueno, todavía nos cuesta despegarnos del dolor. Como sea, acá algunos ejemplos que nos llegaron vía mail:

A. En un mail sobre preguntas y respuestas respecto a la gripe chancha, rescatamos las siguientes:

P: ¿Es útil el cubre bocas?
R: Hay algunos de más calidad que otros, pero si usted está sano es contraproducente, porque los virus por su tamaño lo atraviesan como si éste no existiera y al usar la máscara, se crea en la zona de la nariz y boca un microclima húmedo propicio al desarrollo viral: pero si usted ya está infectado úselo para NO infectar a los demás, aunque es relativamente eficaz. (Es decir, el barbijo simplemente como símbolo de la pelotudez)

20.- P: ¿Puedo hacer ejercicio al aire libre?
R: Si, el virus no anda en el aire ni tiene alas. (O sea, seguí con el footing y el yoga y escuchando el ipod, que, mientras tanto, tus gobernantes trabajan por vos)

22.- P: ¿Quien está a salvo de esta enfermedad o quien es menos susceptible?
R: A salvo no esta nadie, lo que ayuda es la higiene dentro de hogar, oficinas, utensilios y no acudir a lugares públicos. (Si no, mirá al hdp de Rodríguez Larreta. Y no sólo eso, acordate de quiénes ingresaron el virus al país, los niños bien que se iban de vacaciones a disney)

23.- P: ¿El virus se mueve?
R: No, el virus no tiene ni patas ni alas, uno lo empuja a entrar adentro del organismo. (Qué cagada, ¿no? Era más fácil cuando la culpa la tenía el chancho...)

24.- P: ¿Las mascotas contagian el virus?
R: Este virus NO, probablemente contagian otro tipo de virus. (O sea, tené cuidado con la rabia, la sarna y el moquillo)

25.- P: ¿Si voy a un velorio de alguien que se murió de este virus me puedo contagiar?
R: NO. (the best of all... andá al velatorio de Rodríguez Larreta tranquilo)

29.- P: ¿Sirve de algo tomar antivirales antes de los síntomas?
R: No sirve de nada. (Pero ya sabemos que esto, de todos modos, no detendrá a la clase media para que llenen changos y changos en farma city)


B. En otro mail que vaya uno a saber por qué nos llegó, nos alertan de tomar las siguientes precauciones antes de realizar un pedido:

Estimados usuarios:
Por las razones sanitarias que son de público conocimiento, les requerimos que, ante la necesidad de contar con algún fallo, libro u otro servicio que desde esta Secretaría podamos brindarles, tengan a bien solicitarlo previamente por esta misma vía o bien telefónicamente, de forma tal de tenerles preparado el material de su interés, reduciendo así el contacto, lo que redundará en un beneficio para todos. Esperamos sepan comprender, quedamos a su disposición.

martes, 19 de mayo de 2009

La niña Susana se masturba así...

Fin para un uso ilegal / Un convenio que ya firmaron diez universidades del país

La UBA pagará derechos por las fotocopias que usen sus alumnos

La institución acordó abonar una suma por estudiante y licencias por las máquinas


Lo más jugoso de la nota:

* En un hecho que marca un hito en la en la defensa de los derechos de autor, la UBA firmó con el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra), un convenio para reproducir obras protegidas con licencia otorgada por esa entidad, que nuclea a editores y escritores.

* "En un hecho que" (tranquilos, dejamos pasar la redacción y "el hecho" de haber comenzado dos párrafos casi seguidos del mismo modo, lo graciosos pasa, sobre todo, por otro lado) "pone fin a una situación de ilegalidad..." (de docentes, de empleados... nah): "la Universidad de Buenos Aires (UBA) firmó con el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra) un convenio para regular la reproducción de obras protegidas en todas las sedes académicas de la Universidad. Vale decir que el uso indiscriminado de fotocopias será finalmente ajustado al respeto de la ley de protección de derechos intelectuales, la 11.723". (oh, qué bello)

* "El convenio establece que la UBA pagará a Cadra -que reúne a escritores y editores- $ 12,72 anuales por cada alumno de sus 300.000 inscriptos..." (no le pagamos al estado por estudiar ahí, cosa que puede discutirse, pero que quizá sonaría mucho más lógica, o, mejor dicho, podría ser discutible -andá a saber, tal vez así podés hacer que un docente tenga un mejor sueldo, no tenga que tener otros laburos inmundos, y haya más cátedras, mejores aulas, en fin, lo que sea, digo, esos 12,72 -que garparán los alumnos- son para la Cadra!!!)

* El presidente y la vicepresidenta de Cadra, Carlos Pazos y Ana María Cabanellas -ex presidenta de la Unión Internacional de Editores-, respectivamente, pusieron de relieve que las fotocopias de obras académicas están controladas en otros países: "España y México, que tienen una gran producción intelectual, son los que más presionan para que se proteja el derecho de sus autores". (Claro, ahora España y México son entes que caminan, presionan, pisan, piensan, pagan coimas... las metáforas, chiquis, las metáforas, ojo con las metáforas... por qué no dicen que los que presionan son las mugrosos ejecutivos de las editoriales, ni siquiera los autores, que ganan dos centavos por libro publicado, sino esos tipos que no pudieron entrar a laburar a, no sé, Mercedes Benz, HP, Microsoft, y se contentaron con su despacho más chic, más cool repleto de libritos que jamás leen, o, al menos, con los libritos que le dan la papusa y que sí leen, o sea, autoayuda, marketing, etc., que ni siquiera se usan de papel higiénico en las facultades...)

* Algunos de los socios escritores de Cadra son Marcos Aguinis, Atilio Alterini, Elsa Bornemann, Pablo De Santis, Mempo Giardinelli, Aldo Ferrer, Martín Kohan, Adriana Puiggrós y Beatriz Sarlo. (vaya a saber uno por qué esa onda acusadora... y por qué esos nombres y no otros... Susanita tiene un dedo índice un poco loco, que llena de falacias su ¿argumento?)

* Para Más Vélez, la próxima etapa será conseguir para los estudiantes universitarios libros de estudio de calidad y a más bajo costo. "Esa es nuestra función como universidad pública", señaló a LA NACION. (chupala, gil, encima, nos tratan de pelotudos... un libro de derecho -editados casi todos en la Argentina- no baja de los $ 150, y hablamos de los más baratos. los libros de filosfía, crítica, estudios culturales, etc., que valen la pena leer, y que, mayormente, se editan en España, tampoco bajan de los $ 150. La gran pregunta, entonces, ¿cómo mierda va a hacer la UBA para conseguir libros más baratos, si ante la primera presión de los fundamentalistas del copyright, se baja los lompas y permite que le metan dentro las de todos los cabllos de un equipo de polo y sin vacelina? y, por sobre todas las cosas, ¿es esa la "función de una universidad pública, libre y gratuita? get back to work, papi...)

* Para comprender el impacto que la fotocopia tiene sobre el libro, basta un ejemplo. En 1973, un sello de libros jurídicos vendía en la Feria del Libro de Buenos Aires 10.000 ejemplares. En 2009, entre 800 y 1000. (¿y? ¿acaso no será también porque las librerías jurídicas, desde 1973, no hacen más que reeditar a los mismos autores, incluso muchos ya muertos, que, oh milagro, no dejan de sacar nuevas ediciones? ¿acaso la venta de 10.000 ejemplares en la feria del libro de libros jurídicos no lograba solamente enriquecer a las editoriales que los vendían, sin que ese número de ventas tuviera algún efecto comprobable en la sociedad? porque de última, si van a venir con datos pelotudos, podemos decir que después de 1973 lo que vino fue violencia, triple A y dictadura militar, y que todo eso, durante todos esos años, se avaló jurídicamente, y las editoriales jurídicas gozaron de muy buena salud)

* La frutilla del postre, el culo de Jessica Sirio que termina tu noche de ensueños: "
La ecuación es: más fotocopias, menos libros y más caros. Sigmund Freud, Gregorio Klimovsky, Mario Bunge, Néstor García Canclini, Beatriz Sarlo, Eliseo Verón, Guillermo O'Donnell, Karl Marx, Anthony Giddens, Michel Foucault y Gilles Lipovetsky integran la lista de autores más perjudicados por el fotocopiado ilegal de libros en el país..." (dejemos de lado la interesante ecuación que hace la policía Susanita -por qué hay fotocopias hay menos libros y por lo tanto estos son más caros??? y el libre mercado que tanto le gusta defender a Su dónde quedó? acaso no te enseñan ya en el secundario la boludez esa de que a menor demanda mayor oferta de bienes y más baratos??? oh, pobres soldaditos del capital y el statu quo...-, en fin, decía, dejemos de lado esa ecuación pelotuda, y pasemos al greatest hit de la nota: los fiambres Freud, Marx, Foucault, y el brtish Giddens y el french Lipovetsky son los autores más... PERJUDICADOS!!! juajua corramos hacia la derecha a Sarlo, Verón, Bunge y Canclini, y dejémoslos descansar ahí -después de todo, fue el dedo de Susanita, al igual que ocurrió con el niño Martín, el que los colocó en ese panteón-, y concentrémosnos en la triada de los muertos y los viejis europeos... sí, cae de maduro, no podés venir a defender el copyright citando esos nombres, entre los cuales hay tipos que ya pasaron a esa bella categoría del capital denominada "dominio público", pero no sólo eso, entre los cuales se encuentra el mismísimo Marx...)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Haciendo Buenos Aires

Allá, por el 2008, casi sin darnos cuenta, los habitantes de esta ciudad éramos víctimas de los poetas... (dicen que la derecha emperna así, casi sin pensar y casi sin que te des cuenta)


Hagamos Buenos Aires

Hagamos que esté bueno Buenos Aires.
Mientras van avanzando las obras que
nos van a hacer avanzar como ciudad.

Mientras corregimos las escuelas
para que nuestros hijos aprendan.
Mientras atendemos los hospitales
para que te atiendan cada vez mejor.
Mientras se está preparando
la policía metropolitana.
Mientras hacemos las obras
para no inundarnos cada vez que llueve.
Mientras arreglamos los baches.

Mientras tanto.
Hagamos Buenos Aires.

Hagamos un lugar más educado,
hagamos que nadie tire la basura al piso,
hagamos respetar los semáforos.
Hagamos que todos crucemos
por la senda peatonal.
Y hagamos que los conductores
respeten al que está cruzando.
Y que se respeten a sí mismos,
respetando la velocidad indicada.

Hagamos Buenos Aires.

Hagamos que el espacio público
Sea nuestro espacio, porque es de todos.
Hagamos la capital cultural de América Latina.
Hagamos que los turistas se sorprendan.
Hagamos que quieran volver.
Hagamos que nosotros nos
sorprendamos de nosotros mismos.

Hagamos que esté bueno Buenos Aires

martes, 27 de enero de 2009

Hay equipo

-¿Nunca se te ocurrió ponerle nombre? – dijo una amiga hace ya mucho tiempo.
- No. ¿Qué?, ¿la tuya tiene uno?
- Si, desde hace bastante. Se llama Pocahontas.
-¿Pocahontas? ¿Por qué Pocahontas?, dije al reír.
-Porque es libre, fresca, salvaje, aventurera…
La risa para ese entonces se volvió carcajada. Ni bien recuperé el aliento, dije: bueno, qué difícil, tendré que pensar qué características tiene la mía para ver cuál nombre le queda bien. Cuando corté el teléfono, pensé que la conversación quedaría ahí y que nunca encontraría el nombre perfecto para ella porque ni siquiera me tomaría el trabajo de buscarlo. Después de todo, otorgarle ese atributo de la personalidad me parecía una idea bastante ridícula.
Pero al poco tiempo llegó la noche de pasión que le daría un sentido a todo. No estoy segura de si fue con alguien o conmigo misma, lo que sí recuerdo es que no tardé en llamar a mi amiga.
-Ya tiene nombre.
-Muy bien. ¿Cuál es?
-Riquelme.
Su carcajada no pudo ser mayor, tampoco la sorpresa de que asociara a algo tan íntimo con un jugador de fútbol con cara de pocos amigos. Entonces, a modo de divertido reproche, dijo:
-¿Riquelme? ¿Por qué?
-¿Te acordás qué hace Riquelme antes de patear un penal?
-No.
-Bueno, Riquelme escupe.
Sin abandonar la risa, ella dijo: te odio, es lo único que me falta lograr. Mientras tanto yo sólo pensaba en la idea de que un excelente jugador tenía que salir del banco para, de una vez por todas, entrar a la cancha. Así llegaron los altibajos de Riquelme, entre la absoluta gloria y la depresión feroz que le seguía al desastre y que luego la obligaba a la reclusión entre cuatro paredes, sin ganas de ser molestada. Después de todo, para alguien que es reconocido como “estratega”, un tiempo sin bullicio nunca viene mal.
Pero lejos de toda táctica y en la noche menos pensada, llegó la oportunidad del juego del millón. En ese entonces Riquelme todavía no se había percatado de que apenas a unos centímetros de distancia se encontraba el mismísimo Diego Armando Maradona. Tampoco era cuestión de culpar a Riquelme, pobre. Después de todo no había arito de strass, ni tatuaje del Che, ni Dalma ni Giannina. Aún así, las ganas de jugar eran evidentes: Diego Armando invitó a Riquelme a tomar una cerveza a la barra, pero de la marca más rica ya no quedaba. Entonces, tal vez por esas cosas del azar, los cracks se conformaron con la cerveza que se jacta de ser el sponsor oficial del sueño de todos los argentinos.
Nunca supuse que la humildad y Maradona fueran dos palabras capaces de ir de la mano. Lo que sí sé es que mi Diego Armando demostró que era en verdad Diego Armando al momento de agachar la cabeza. En ese entonces, el estadio era una fiesta: dos potencias se saludaban y los gritos de la hinchada no podían ser mayores. Maradona demostraba su gran pasión mientras que Riquelme, emocionada, derramaba copiosas lágrimas en repetidas ocasiones.
Pero todos sabemos que los jugadores como Diego Armando no son de quedarse en un mismo lugar. Siempre aparece un mejor contrato, algún destino novedoso, chicas que enarbolan la bandera de “las botineras” o drogas duras que saben acompañar al que está cansado de tanto éxito. Luego de la partida del Diego, Riquelme se otorgó una licencia para recluirse, pero se hizo la promesa de que ese período sería corto y que no debía olvidarse de su verdadera pasión.
Ni siquiera necesitó recurrir a su agenda, después de todo el consenso reconoce a Riquelme como grande y no faltaron ofertas camufladas en el ringtone de un celular. Riquelme aceptó gustosa, pero en el momento de ir a la cancha, se dio cuenta que no la habían contratado como jugador sino como Gran DT. “Que esto es así, que esto es asá”, se veía obligada a decir con la ayuda de mi boca, frases que siempre estaban acompañadas por la frustración, porque otras de las características conocidas de Riquelme es la de ser “de pocas palabras”.
Sumida en la depresión, salió a reclutar jugadores a territorios desconocidos y sentada a la barra, pedía la cerveza sponsor oficial del sueño de todos los argentinos, con la esperanza de volver a los días de gloria. Pero nada parecía cambiar. No faltaba el entusiasmo, pero sí las condiciones. Cada situación repetida acrecentaba mi creencia de que Riquelme, con su silencio y su cara de pocos amigos, podía ser un jugador excelente, pero nunca un Gran DT ansioso de desplegar un abanico de instrucciones.
A la mañana siguiente de otro partido de papi fútbol, volví a llamar a mi amiga. Una resaca feroz alimentaba mis ganas de desahogarme y después de dar detalles de un juego digno de la B, dije:
-Extraño a Diego Armando.
-Un Diego Armando es muy difícil de olvidar.
-¿Sabés qué le preguntaría si volviera a verlo?
-¿Qué?
-Si considera que Maradona y Riquelme deberían estar cerca, cada uno desde su lugar, trabajando para una selección mejor. Me juego la cabeza a que diría que sí.
No recuerdo bien de qué hablamos después, probablemente de las cosas cotidianas, del sexo y también del amor romántico, al que le dedican millonadas de libros, canciones y películas, pero del cual cada vez entiendo menos. Aunque en momentos como estos, presumo que las cosas son más simples de lo que parecen, y que dentro del juego del millón, ese concepto tan complicado podría reducirse en tan sólo dos palabras: hay equipo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Solía ser una chica moderrrna!!!!

Momento de alpedismo, trato de escribir. Trabada, muy trabada. Entonces me pongo a ver textos viejos. Después de todo, no estaban tan mal. Me cagaba de la risa, era una chica moderrrna. ¿Qué me pasó en todos estos años? Les paso el primer capítulo de mi primer novela inconclusa. Después vendrían otras. Pero la verdad que pucha, me toy volviendo clásica.
Adio.

Ubicación en Tiempo y Espacio

Madrugada del 30 de diciembre de 2001. En realidad el 31 estaba naciendo. El primer año de la era de acuario ni siquiera pasaba sin pena ni gloria, sino que transcurría con pena de más. Apenas 10 días antes Argentina explotaba y renunciaba el presidente Fernando de la Rua. Para el 30, el día de mi cumpleaños, ya estaba renunciando otro más: Adolfo Rodríguez Saa. Aquel día mi intención era desentenderme de las noticias, para olvidarme de que no había nada que festejar. Mi mamá, tratando de cambiar mi patético humor, propuso ir a cenar a un lugar con fama de ser siempre agradable, con música y gente que se propone ser feliz. Pero ese 30 de diciembre el clima del restaurante distaba de ser así: estaba casi vacío y la única música de fondo que se escuchaba era la de la televisión, con el discurso del flamante gobernante anunciando su renuncia.
Queríamos liberarnos y por eso nos levantamos de la mesa y volvimos a casa para comer una picada compuesta básicamente de sobras, pero por lo menos la música que se escuchaba en la compactera era la que yo había elegido. Así transcurrió el cumpleaños más triste de mi vida, pero por suerte, el 31 estaba naciendo y el martirio de un fracasado día de gozo se terminaba. A falta de algún estímulo externo, traté de combatir el insomnio con un hábito entre orgiástico y onanista, entre social y apático, entre verdadero y falso: prendí la computadora.
Elegí el icq, aquella maravillosa forma de comunicación para esta nueva sociedad individualista, en la cual uno puede contactarse con otra gente usando la propia personalidad u otra inventada. Yo siempre detallé mis gustos, no quise mentir, no por estar plenamente conforme conmigo misma, sino quizás, para ahorrar futuras explicaciones. Una especie de grito virtual que decía “soy esto, tómalo o déjalo”.
Mis dedos frenéticos en el teclado hacían que el tiempo transcurriera más rápido, pero de todas maneras, ya me estaba empezando a aburrir. Cuando estaba a punto de desconectarme del cyber mundo para intentar dormir, un perfecto desconocido apodado Astroboy me manda un mensaje que dice “Knock knock, felíz cumpleaños”.



I


- “Muchas gracias”, contesté.
- “Pura casualidad, justo miré tus detalles y parece que tenemos muchas cosas en común, por ejemplo, según estoy leyendo, veo que tu nombre es Marina y te gusta Herman Hesse. ¡A mi también me encanta!”
- “¡Qué bueno! Demian es mi libro favorito, después leí otros que me gustaron mucho, como El lobo estepario.”
- “A ver, sigo leyendo y puedo comprobar que te gusta...Oscar Wilde.”
- “Si, me encanta.”
- “Noooooooo.”
- “¿Por qué no?”
- “Porque Oscar Wilde y Herman Hesse no tienen nada que ver.”
- “Ya lo se, pero me gustan ambos. Hesse es reflexivo y se ocupa de la mente, en cambio Wilde habla de la belleza como valor.”
- “Wilde no me gusta para nada, en fin no podíamos coincidir en todo.”
- “No, es cierto” – coincido- “Bueno, como puedo ver en tus detalles, tu nombre no aparece.”
- “Disculpame, mi nombre es Astro. Pero ya que nos estamos conociendo, ¿no tendrías una foto tuya para mandarme por este medio?”
- “No, no tengo ninguna cargada en la máquina, ni bien tenga una prometo mandar”

Era verdad que no tenía ninguna foto para mandar desde la computadora. Pero en icq, como abunda tanto la mentira, cualquiera podía pensar que no estaba contenta con mi aspecto físico y que prefería ocultarme. En mi caso particular, no estaba ni conforme ni desconforme: entraba en la categoría de una chica de 23 años “completamente normal”, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, ni linda ni fea. El único rasgo característico que me puede distinguir de una muchacha promedio es que soy voluptuosa, al estilo de las actrices del neorrealismo italiano, pero eso prefería no decirlo enseguida, no porque me guste o me disguste, sino porque tenía miedo que la otra persona pensara de que yo me estaba mandando la parte.
- “Que lástima” –contestó – “Necesito con urgencia tener una foto tuya”
- “ Bueno, dije que ni bien tenga una te la voy a mandar.”
- “¿Y cómo voy a saber que es verdad que no tenés ninguna?”
- “Mirá, lo que te digo es tan cierto como que te llamás Astro.”
- “¿Estás segura de que eso es cierto?”
- “No, pero elijo confiar en vos. ¿Hago bien o mal?”
- “Cambiemos de tema, pero quien te dice que me mandes tu foto, yo te mande la mía nos gustemos y seamos novios. Hasta suena lindos nuestros nombres: Marina y Astro”.
- “Jajaja. Bueno, supuesto Astro. Prometo que ni bien tenga una foto te la mando, porque mi scanner murió, y ya lo velé y lo enterré”.
- “Bueno, pero entendé que el hecho de que me mandes tu foto es una necesidad urgente para mi. Pero mientras tanto, te voy a hacer unas preguntas”.
- “Pregunte, nomás”
- “Decime como sos, gorda flaca, no se.”

Cuando en un diálogo virtual, las preguntas son planteadas con respecto al físico, prefiero no mentir, así que la respuesta inevitable apareció en su monitor.

- “Soy delgada, pero voluptuosa, se puede decir.”
- “¿Y eso que significa, que sos culona?”

Con un poco de vergüenza prosigo...
- “Soy culona, pero por sobre todas las cosas, tetona.”
- “¡Me encantan las chicas tetonas! (Esto me salió del alma, sin preámbulos).”
- “Mire usted.”
- “Pero no me dejes así, tirame tus medidas, por favor.”
- “Bueno, te las digo. ¿Para que tanto preámbulo, no?
- “¡Si, por favor! Pero decime si estoy acertado ante este pronóstico: ¿estarás más o menos en los 100-60-90?”
- “Le fallaste un poco de arriba: en realidad, tengo 90, porque mi espalda es extremadamente chica. A las demás medidas sumale un par de centímetros más.”
- “¡Necesito tu foto ya!”
- “¿Tanto te entusiasmaron mis medidas?”
- “Si. ¿No ves que estoy enamorado?”
- “Si, si, ja ja ja.”
- “Hablo en serio.”
- “No, no hablas en serio.”
- “¿Por qué lo decís?”
- “Porque no podes sentir amor sin siquiera conocerme.”
- “¿Y vos como lo sabés?”
- “No me gusta utilizar la palabra saber, porque eso implica certezas, y soy partidaria de que las certezas no existen, por eso voy a utilizar la palabra concebir. Yo concibo al amor como algo muy fuerte. Por eso no uso ese término con demasiada frecuencia.”
- “Mirá que sos complicada. Yo en cierto modo, también lo soy.”
- “Y yo opino que sos misterioso, porque hasta ahora solo hablamos de mi.”
- “¿Qué querés que te cuente?”
- “No se, describite un poco.”
- “Te puedo decir que soy muy muy lindo.”
- “¿Y es realmente verdad que te llamás Astro?”
- “Me tengo que ir a dormir, buenas noches.”

Y se desconectó de la computadora.

martes, 18 de noviembre de 2008

Linda Frase

"No hay nada más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática a cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos".

Aldo Pellegrini.

martes, 19 de febrero de 2008

Becoming Charles

Nunca me gustó Bukowski. Igual temo parecerme cada vez más a él. ¿Por qué? La respuesta es simple. Odio mi trabajo. Cumplo un horario de mierda por una vieja (tambien de mierda) que se accidentó a propósito al subirse a una biblioteca para apagar un aire acondicionado. Ya puedo imaginarla: "crié dos hijos sola, puedo subirme a apagar un aire". Divorciada. Y resentida. Y vieja anoréxica con osteoporosis que solo come verduritas con aceite de oliva y chupa vino barato. Además la comparan físicamente con "Bodies the exhibition". O sea (diría una amiga que también la odia), si sos vieja, con osteoporosis, solo comés verduritas, chupás Vasco Viejo o Cavas San Julian y te comparan fisicamente con "Bodies", te subirías a una biblioteca de 10 cm de espesor para apagar un aire sabiendo que podés quebrarte un pie? Yo no.

Pero cuestión que aqui estoy, creo que con un principio de úlcera y con la mano de Napoleón, que es lo único que me queda de tanta lucha. Para peor tengo una jefa multimillonaria y como buena multimillonaria ultracatólica es una miserable, que me hace sentir dentro de un cuento de Charles Dickens. Y lloro, porque cobro como el culo. Y me siento mal como persona, también porque cobro como el culo. Voy a entrevistas y siempre resulto "demasiado buena para el puesto". Y resulta que me resigné a otros placeres, como el de estar con alguien por el mismo motivo. Mis amigos decían (aclaro, no solo lo decían las mujeres, los hombres también) "Sos demasiado mujer para fulanito o menganito". Primero no lo creía o me rebelaba al decir "por qué se me tiene que negar el amor?" con lágrimas pelotudas digna de la pelotuda que alguna vez fui. Pero ahora comienzo a creerlo. Y digo, resulta que por ser buena tengo que conformarme con los buitres de la desesperación? Resulta que a todo aquel que no quiere ser un mediocre le corresponde el castigo? O cuando uno quiere una vida burguesamente mediocre, no es posible hacerla?

Al menos un amigo me dice (y me dice la verdad) que con todo lo malo que paso, mi literatura es cada vez mejor. Pero tengo miedo de pasarme para el otro lado y convertirme en Bukowski.

martes, 5 de febrero de 2008

Texto berreta para tiempos aún más berretas.

Fiesta, sábado a la noche. El "porno star de Villa del Parque" volvió de Europa. Me saludó con un fuerte abrazo y pensé que esa noche era mi noche, a pesar del cansancio de un día aún mejor. Tenía puesto un gorro a lo piluso, cuadrillé, no iba con él, era horrible. Le vi de pronto cara de diferencial. Pero poco importaba el intelecto si el porno star era un porno star. Por más que le faltara la corbata en la cabeza, no me hubiera molestado recibir la otra cabeza con un moño. La fiesta no era tan fiesta, más bien era una reunión. Todos estábamos en el patio, mientras el porno star, junto a unos amigos, miraba un partido de fútbol en el living. De pronto "el porno star de Villa del Parque" fue hacia el patio a buscar un fernet, a sonreirme y a hacerse el lindo. No había ninguna necesidad, por el simple hecho de que ya es lindo de por sí. De pronto junto a él se suma una pendeja. Tenía un sueter de arcoiris. Gorra cuadrillé, sueter de arcoiris, una señal de ajuste de pésimo gusto. Una señal de ajuste que parecía caer encima mío, aunque no quería mirar TV. La señal de ajuste se funde y se besa. No me importó, tan sólo supe que esa no era mi noche y que el universo se complotaba para hacerme sentir vieja. Una amiga me cebaba y decía: ¿son necesarias esas demostraciones de afecto?, bueno, tu posición es mejor, porque es mejor ser la amante que la cornudita de turno. Pero hacía ya un tiempo que no era la amante. Y el gorro cuadrillé me ordenaba que no volviera a serlo. La amiga que me cebaba averiguó que la pendeja rainbow brite era la noviecita de toda la vida, a la que tildaban de reverenda hija de puta y por ende, cornuda. Mientras mi amiga ponía ímpetu en su labor de detective, yo comencé a bostezar. Y a pesar de todo, lo entiendo, entiendo al "porno star de Villa del Parque". No disfrutar de un noviazgo justifica la opción de poner cuernos y de ese modo usar más la pija que la cabeza, porque la cabeza, en su máximo uso, ya está cubierta con un gorro de piluso, a cuadrillé.

Si un pibe lindo se iba, otro pibe lindo estaba por llegar, pensé. Por suerte, no me había equivocado. Dia siguiente, otro cumpleaños. Gente linda y amable, en una reunión un poco más interesante que la del sábado. World music, debate de cine arte, admiradores de Ragazzoni y de sus bellas hormigas impolutas. Y de pronto, por la puerta aparece. Tenía razon. Pibe lindo se va, pibe lindo viene. Lo llamaremos "el dramaturgo de San Miguel". "El dramaturgo de San Miguel" se sentó en un puff. Sin hacer ningún tipo de alardes por ello, me di cuenta por mi amiga la cumpleañera que el bombón bohemio dirigía un centro cultural. Juntos, fuimos hacia la ventana porque en teoria no se podía fumar en el monoambiente, pero mi amiga (la cumpleañera) hizo una excepción porque años atrás ella solía fumar tres atados por día. Escribo media hora cada día, hay que tener disciplina, dijo. Coincido plenamente, contesté, la clave es la constancia. Si las musas aparecen, mejor que te encuentren trabajando, dijo. Yo sonreí. Un comentario intelectual y una mirada. Otro y otra. Yo, en el futón que oficiaba de cama haciendo poses de niña inocente, poco femeninas, como la Bettina de Göethe en un libro de Kundera. Por vivir en San Miguel, el dramaturgo estaba motorizado. Yo tenía 10 pesos en la cartera. "El dramaturgo de San Miguel" dijo: te llevo. Le dije que sí. El diálogo en el auto fue un poco menos fluido. De todas maneras sacábamos tema. Llegamos a mi casa. El viaje era corto. Atino a bajarme y le dije "un placer conocerte". Le doy un beso en la mejilla y me encuentro con su boca. Qué bien, un hombre de acción, pensé. También se lo dije. Más besos. Igual no quería hacerlo subir, estaba cansada. Después de más besos dijo: no se si vale la pena aclararlo, pero estoy noviando. Antes no me hubiera enojado pero al menos me hubiera importado. Ahora, lejos del enojo, ni siquiera me importa. Le dije: es bueno saberlo. Le tome el teléfono, pidió el mío y después de más besos bajé del auto. Te estás escapando, dijo. Ya soy grande para el "no corras más, tu tiempo es hoy", pensé. En casa, de nuevo, comencé a bostezar, pero de todas maneras entiendo al "dramaturgo de San Miguel". Una mujer nueva es una musa. En cambio, los deseos post coito para con una mujer vieja es que se convierta en una de muzzarela.

Por último está el hombre ausente, el Olimpia Zuleta que yo, cuan personaje de García Márquez, me encargué de capturar. Lo llamaremos de ahora en más "el dulce y melancólico de Balvanera". Era evidente que yo le gustaba al "dulce y melancólico de Balvanera". Me di cuenta porque en cada fiesta se iba cuan cenicienta a las tres de la mañana, luego de darme un gran beso en la mejilla, como si no se permitiese caer en la tentación. Dejé mi huella, dejé mis pistas, las del cuerpo y las de la palabra y finalmente, luego de la obviedad más obvia, me invitó a salir. Los nervios le exudaban por los poros. Con los mismos nervios dijo: vamos a comer una pizza. Las pizzerías de la calle Corrientes tienen la característica de ser ofensivamente ruidosas y apenas se podía hablar. Los nervios aún le exhudaban por los poros y comenzó a sentirse aturdido. Habría que ir a otro lado, dijo. Si, contesté. Pero, ¿donde? La decisión tardaría en llegar, entonces le dije que en mi casa había una cerveza, que si quería podíamos ir para allá. Aún los nervios y ni siquiera teníamos porro. Entonces se me ocurrió una idea brillante: puse un compact trash, ultra deprimente, climático y maravilloso. Berlín, de Lou Reed. Caída libre, gracias Lou. Después me besó con Spinetta y la tunda llegó con Nirvana, cuando me puse más guarrita. "El dulce y melancólico de Balvanera" es lindo, sólo que él no lo sabe. "El dulce y melancólico de Balvanera" puede tener a cualquier mujer a sus pies, sólo que él ni siquiera lo imagina. "El dulce y melancólico de Balvanera" es inteligente, sólo que él no puede garantizar que la inteligencia llegue a dar buenos resultados. Se fue. No volvió a llamar. Lo llamé yo y estaba feliz de oirme, pero él no llama. No por histérico, sino porque no puede creer en otras opciones. La noche extraña en que yo provoque todo sumado a la ausencia de llamados de él me hacen sentir un macho. O peor aún, me hacen sentir un macho violador. Entonces me puse a bostezar, porque a esta altura del partido una no espera un llamado con ansias, ni con bronca, ni con llanto, sino que con bostezos. De todas formas, entiendo al "dulce y melancólico de Balvanera", porque por no saber ni que es lindo, ni inteligente, ni que puede tener a cualquier mina a sus pies no puede ver otra cosa que un panorama oscuro. Lo se porque yo también estuve ahí.

Y una, en estos tiempos. Ni siquiera puedo decir que estoy perdida, ni confundida, ni nada.Una amiga dijo: necesitamos un brujo, a nosotras nos pasa de todo. Le dije que no era necesario, que no eramos nosotras sino las características de nuestra época. Le dije también que no nos quedaba más opción que sorpendernos con una buena película, un plato de comida étnica o una super liquidación de Zara. Tengo miedo de parecerme cada vez más a Moria Casán, con los sex toys que la ayudan a no asistir a las reuniones de "tapper sex". Pero así estamos, lo entendemos todo y mucho más. Sólo que el entendimiento no tiene más consecuencias que la de hacernos bostezar.

martes, 22 de enero de 2008

Tengo un plan...

Tengo un plan como el imbécil de James Blunt cuando compuso esa canción para ganar chicas que querían guerra con él, sin saber que él ya había participado en una guerra (la de Kosovo).
Tengo un plan y digo imbecilidades, porque los planes te hacen feliz, te hacen evadir la realidad y soñar con una mejor, porque después de todo.
Tengo un plan porque la gente cansada valora las sonrisas y tengo que seguir sonriendo antes de que YO me canse.
Tengo un plan y no debo envejecer jamás, o por lo menos, no deben envejecer mis planes, porque en un mundo en donde todo está hecho, industrializado, vendido, prostituido y multiplicado por mil, se valora la frescura.
Tengo un plan y quiero pan, un mejor pan y para eso quiero un mejor plan.
Tengo un plan y acudo a las letras, o a la linda voz, para que después lean las letras, y que también parezcan lindas.
Tengo un plan y hablo como una mongoloide, porque si mi plan funciona, voy a poder darme el lujo de hablar como una mongoloide todas las veces que quiera, total de todas formas, seré aplaudida.
Tengo un plan, y aunque como dicen "la vida es eso que pasa cuando uno hace planes", no voy a dejar de vivir la vida, sino esa porción de vida que me disgusta y que no es la vida, sino eso que te hacen creer que es la vida, porque las personas que equiparan esa porción rutinaria con la vida son funcionales a la NO vida.
Tengo un plan y espero que no sea trunco, espero que sea grande, que todo lo abarque y que deje de ser plan, que comience a ser pan y que haga mutar la sonrisa, destinada a extinguirse. Y que la frescura se renueve, porque va a ser otra, no la sonrisa de que el logro no importe, sino que el logro venga para borrar del plan la palabra plan.